Ángel de la Cruz

Hace mucho tiempo que la política en nuestro país se mediatizó, se comercializó y se vació de contenido. Ya no se entiende como el noble arte de velar por los intereses colectivos de un pueblo, de una ciudad o de un Estado. Hoy la política es un grito, un titular o un batiburrillo de fórmulas económicas cuanto más enrevesadas mejor, pues de lo que se trata es de alejar a la ciudadanía para que podamos hacer y deshacer a nuestro antojo.

Quienes queremos superar el estado actual de cosas somos conscientes de que para ello necesitamos que el pueblo 'en sí' se transforme en pueblo 'para sí', es decir, en un pueblo capaz de informarse, de movilizarse y de pelear por lo que es suyo. La convocatoria a este importante combate no se puede hacer únicamente mediante cifras y fórmulas económicas o tecnicismos intelectuales y académicos. Hay que recuperar algo mucho más sencillo, que va más allá y que en primera instancia se puede considerar transversal (ni de izquierdas ni de derechas): el sentido común.

Pongamos un ejemplo. En España hay déficit: se ingresa menos de lo que se gasta. Los inspectores de Hacienda dicen que al año se roban mediante fraude fiscal unos 90.000 millones de € y ese robo lo cometen principalmente (el 72% para ser exactos) las grandes empresas y los grandes propietarios, es decir, una minoría. Tenemos la opción de perseguir a muerte ese fraude fiscal o la opción de recortar en sanidad, en educación y subir los impuestos a los trabajadores, es decir, a la inmensa mayoría. ¿Algún ciudadano con sentido común, independientemente de lo votado, elegiría la segunda opción?

Ahora vayamos al tema que nos ocupa: la autovía Iznalloz-Darro (A-308), la primera que se haría en Andalucía mediante colaboración público-privada. Representantes del PSOE y del PP, desde la comarca de los Montes Orientales hasta Madrid pasando por Sevilla, han exclamado al unísono, como suelen hacer cuando se trata de temas económicos, la necesidad de empezar a construirla.

Todos sabemos la necesidad de construir dicha autovía, como todos sabemos, usando el ejemplo anterior, que necesitamos recortar el déficit. Ahora bien: ¿de qué manera? Esta respuesta es la que suele definirnos políticamente, la que suele dilucidar el viejo espectro derecha-izquierda. Veamos algunos aspectos de la autovía sin poner demasiadas cifras sobre la mesa para no marear a nadie.

El contrato firmado por el PSOE, y apoyado por el PP, multiplica por cinco el coste real de la obra. Han leído bien: por cinco. Esto significaría que los andaluces pagaríamos más de 910 millones de € por una obra que no vale más de 200 millones de €. Pagaríamos 710 millones de € más del coste real. No relean, han leído bien: 710 millones de € más.

Si apartamos la emoción, la confusión y el ruido a un lado, e intentamos afrontar el debate desde el sentido común, nos damos cuenta de que el contrato es un timo y por tanto debemos buscar formas alternativas de financiación para no tirar el dinero. Cuando vamos a comprarnos un coche, por ejemplo, y vemos que en una tienda nos ofrecen el mismo coche que la tienda de al lado pero cinco veces más caro, automáticamente el sentido común nos invita a desconfiar. Y aunque tengamos mucha prisa y mucha necesidad de comprar un coche, volvemos al día siguiente y miramos todas las tiendas, porque de nuestra elección depende nuestra familia. En este caso una familia de más de ocho millones de andaluces, el 35% de ellos en paro y casi el 40% de ellos en la pobreza; las más de 26.000 personas que habitamos en los Montes Orientales tampoco estamos para tirar cohetes.

Espero que no sean muchos los políticos que usen como excusa aquello de que "creará empleo" ya que eso significa que todo vale y, visto lo visto, a alguno incluso se le puede ocurrir que si nos autolesionáramos todos sería bueno para la creación de empleo ya que harían falta más ambulancias y más médicos. Sólo dos cosas. La primera: las leyes del Mercado no funcionan así. La segunda: no demos ideas al Consejo de Ministros.

Renny Yagosesky definió el sentido común como «la capacidad natural de grupos y comunidades que les permite percibir la realidad, o asignarle un sentido a personas, objetos o situaciones, que resulta obvio para el común de los integrantes de esa comunidad». Al principio dije que el sentido común en primera instancia se puede considerar transversal. Día a día vemos cómo el bipartidismo va alejándose cada vez más del pueblo hasta el punto de que apelar al sentido común, es decir, al sentido del pueblo, se ha convertido en algo inequívocamente revolucionario.

No puedo despedirme sin dedicarle a todos los cargos del PSOE-A, especialmente a los de la comarca de los Montes Orientales, aquellas palabras de Nanni Moretti en su película Abril (1998), cuando enfrente del televisor le exclama a D'Alema, político socialdemócrata: "¡Reacciona! Di algo de izquierdas. Aunque no sea de izquierdas, de sentido cívico. Di algo, lo que sea".
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