Ángel de la Cruz
La memoria humana tiene un sistema curioso que, normalmente, nos hace olvidar los malos tragos y quedarnos principalmente con los buenos recuerdos. Tened en cuenta que si no fuera así nos traumatizaríamos desde la infancia y difícilmente llegaríamos a la vejez con una buena salud mental. Con la política pasa igual. Pasan los años y al final nos quedamos con lo bueno. Por ejemplo, la gente se queda con las bajas cifras de paro de la época Aznar y olvida anecdotillas como el 11-M. Gracias a este sistema benevolente, la rueda sigue girando y el periplo circunnavegando en torno al bipartidismo. Si el PSOE lo hace mal, votamos al PP, si el PP lo hace mal votamos al PSOE, olvidando que ambos lo hicieron, lo hacen y lo harán mal, no porque sean muy torpes sino porque sus intereses son incompatibles con los de la ciudadanía. Es fantástica la pluralidad y la libertad.

A partir de 4 u 8 años -aunque yo aposté que no cumplían ni una legislatura, soy todo un idiota simpático- la gente empezará a olvidar lo que ha estado haciendo el PP, pero por el momento a sus votanes, o al menos a sus votantes nada ortodoxos que vienen de otros lares, no les queda más remedio que pasar vergüenza. Vergüenza porque se tragaron el cuento chino del centrismo, de la unión, de la convergencia y del populismo obrerista. El castillo de naipes se ha derrumbado ya, no ha tardado ni siquiera meses, a pesar del hermetismo y el secretismo en torno al programa. El Gobierno, por cierto, no presentará los Presupuestos del 2012 hasta después de las elecciones andaluzas. Cosas de la realpolitik.

Se hartaron de decir que no iban a subir los impuestos, de ninguna de las maneras y por mil razones que explicaron prácticamente todos los pesos pesados de la que entonces era la oposición, desde a Rajoy a De Cospedal pasando por Arenas o el mismo Montoro. Como te digo una co te hago la o. Hacen lo que criticaron, y el PSOE critica lo que hicieron. Empieza el cambio... de papeles, no de políticas, claro.

Yo soy de los que sostienen el discurso para nada popular de que los que votan a un mentiroso o a un sinvergüenza, son igual de responsables que los que mienten o no tienen vergüenza. Vuestra penitencia, más que las leyes injustas que van en contra de toda la ciudadanía de la que formáis parte tanto vosotros sus votantes como nosotros, será la vergüenza que pasaréis cada vez que el Gobierno de la mentira incumpla cada una de las promesas que lo convirtieron en el Gobierno de "el cambio".
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