Ángel de la Cruz
La película El político de Robert Rossen (1949) narra la vida de un hombre humilde y honrado (Willi Stark) que decide meterse en la política harto del mal uso que hacen de ésta los gobernantes, los cuales son, en su inmensa mayoría, unos tiranos y unos aprovechados que sólo miran en su propio interés. Willi se adentra en la política siempre pensando en el pueblo, en los trabajadores, en los más desfavorecidos, pero conforme va pasando el tiempo, se va olvidando de todo lo que antes creía y se va convirtiendo en lo que antes odiaba: en un corrupto aprovechado al que sólo le importa el poder.

Esta es la película que día a día reproduce nuestra clase política en todos los niveles: estatal, autonómico, provincial y municipal. Somos testigos y espectadores de la actuación bochornosa de unos políticos que se llenan la boca hablando de los trabajadores, de los desfavorecidos, para luego aplicar políticas que atentan en todos los ámbitos precisamente contra los trabajadores, los desfavorecidos, y que sólo benefician a unos pocos privilegiados, que para más inri, son los verdaderos causantes de la crisis y de los males de nuestra sociedad.
Lo estamos viendo últimamente con las políticas de Zapatero, líder de un partido que se autodenomina socialista y obrero pero que con cada ley, reforma o decretazo da una vuelta de tuerca más a la ya agobiante situación de los trabajadores, de los obreros a los que se supone que representa. Y, por otro lado, premia a los ladrones y a los causantes de la crisis, como son, por ejemplo, los grandes banqueros y grandes empresarios. Zapatero recuerda a Willi Stark, protagonista anteriormente citado: inició su política con un mensaje populista y en pro de los trabajadores y desfavorecidos y acabó convirtiéndose en lo que criticaba: criticó la Guerra de Irak y nos metió en la de Afganistán y ahora recientemente en la de Libia; criticó las medidas privatizadoras de Aznar y posteriormente él hizo lo mismo; y así podríamos estar hasta mañana.

Ni que decir tiene que este cuento también es aplicable para el otro partido “mayoritario”, el PP, el cual, por ejemplo, se permite el lujo de dar lecciones de democracia cuando en sus propias filas hay personajes, como Mayor Oreja, que no se dignan a condenar el franquismo, pero esto es otro cantar. El PP no se corta un pelo en tirar de demagogia y criticar lo que ellos mismos hicieron, harían y probablemente harán: adoptar políticas orientadas a cargar en la espalda de los trabajadores una crisis que no han provocado.

Esa es la idiosincrasia de los dos partidos mayoritarios, en eso se basan sus políticas, en hacer promesas que luego no podrán ni querrán cumplir y en engañar al pueblo. La situación ya es insostenible, lo que nos da más motivos para que pidamos un cambio: ya no sólo es justo, sino que también es necesario.

Esta situación insostenible se puede aplicar, por supuesto, a todos los niveles anteriormente citados: estatal, autonómico, provincial y municipal. Precisamente es a este último término, municipal, al que debemos ceñirnos y en el que entra en juego Benalúa de las Villas, nuestro pueblo.

El panorama de Benalúa de las Villas es un claro reflejo de la derrota de los sistemas políticos que han aplicado los partidos mayoritarios, PSOE y PP. Está suficiente y empíricamente demostrado que ambos partidos no son capaces de reunir los requisitos mínimos para gobernar nuestro pueblo. Han fracasado estrepitosamente y han dado lugar a una serie de condiciones objetivas para un cambio justo y necesario de rumbo: ahí es donde entramos en escena nosotros, Izquierda Unida (IU).

Ha llegado el momento de castigar con cada voto a esos que amparándose en la ingenuidad y en una férrea tradición política de lo habitantes del pueblo, han utilizado sus cargos y su poder simplemente para sus chanchullos y tejemanejes. Todos han usado las promesas y la demagogia para llegar al Ayuntamiento, pero una vez en él se han olvidado del pueblo y de los intereses de éste, los cuales deben ser la prioridad y, por supuesto, son la piedra angular de nuestro proyecto.

Nosotros, Izquierda Unida (IU), apostamos por el progreso y la modernización de un pueblo sometido al atraso por las anteriores alcaldías. Podríamos afirmar que Benalúa de las Villas es quizás el pueblo más atrasado de, al menos, estos alrededores. Es el único pueblo que no cuenta con unas instalaciones deportivas en condiciones. Es más, es el único pueblo en el que los niños tienen que beber agua de un barranco porque las instalaciones deportivas no cuentan con un sólo grifo. Esto, que tan sólo es un pequeño ejemplo, es algo inadmisible y una auténtica vergüenza en pleno siglo XXI. También es una consecuencia de algo más que evidente: en Benalúa de las Villas no se apuesta por la juventud.

Para nosotros, que somos un grupo joven, “la juventud es la arcilla fundamental de nuestra obra”, como dijo el mítico Che Guevara. Por eso, uno de los puntos más importantes de nuestro programa es la remodelación de las instalaciones deportivas y la potenciación de su uso. Nuestro pueblo ha visto crecer a grandes futbolistas, por lo que nos vemos en la obligación de poner a disposición de todos ellos un pabellón en condiciones y un campo de fútbol 11 practicable si así lo desea la juventud.

Pero nuestro programa y nuestras ideas no sólo están orientadas a satisfacer las necesidades de una juventud que poco a poco va perdiendo los valores de antaño; no nos olvidamos de las carencias del resto de la población. Nuestra intención es aprovechar y exprimir al máximo nuestros recursos, y no desperdiciarlos en tonterías o en chanchullos. De este modo, podríamos aprovechar, por ejemplo, el inmenso Ayuntamiento, el salón de actos, etc. para algo más que organizar dos fiestas al año: podríamos realizar todo tipo de actividades que le den movimiento al pueblo como por ejemplo bailes, actuaciones, charlas, conferencias, etc. Apostamos por la cultura, por un pueblo culto.

Una de las grandes diferencias entre nosotros y el resto de partidos es que nosotros apostamos por la democracia directa, participativa. Creemos firmemente en que el pueblo tiene que formar parte de la Alcaldía, opinar y tomar decisiones, por esto mismo estaremos a plena disposición de cada habitante del pueblo. Creemos en la transparencia política, ya está bien de realizar operaciones y cuentas sospechosas en las que nadie sabe qué se hace con nuestro dinero. En este aspecto nos fijamos bastante en Marinaleda (Sevilla), donde el alcalde reúne al pueblo y explica pizarra en mano los presupuestos, las cuentas y las operaciones que se realizarán.

Posteriormente iremos explicando con más detalles punto por punto de nuestro programa, el cual será bastante completo y no sólo pondremos a disposición de todo el pueblo, sino que estaremos encantados de explicarle a todo aquel que esté interesado. Nosotros tenemos unas ideas muy claras que estamos dispuestos a hacerlas llegar al pueblo, y en caso de que éste así lo desee, a llevarlas a cabo.

Nosotros no queremos estar en la política ni por dinero ni por poder. De hecho, nuestra política es trabajar más allá de dar un mitin cada cuatro años como se viene haciendo en el pueblo. Creemos en la política porque la estudiamos y porque ha llegado el momento de que la gente se de cuenta de que “no todos los políticos son iguales”. Esta falacia conviene a los que ostentan el poder, ya que si el pueblo realmente se diera cuenta de que no todos los políticos somos iguales, castigaría a los que no hacen nada por el pueblo y premiarían a los que tenemos como obligación moral y política satisfacer los primordiales intereses del pueblo.

Ha llegado la hora de que los aprovechados abandonen el poder que jamás debieron tener. Ha llegado la hora de que el pueblo tenga una alcaldía que merece, es decir, la que mire por ellos y no se limite a hacer promesas que luego no cumplirá. Ha llegado la hora de que los habitantes de Benalúa de las Villas tengan el pueblo que merecen. Ha llegado la hora del cambio. Ha llegado la hora de Izquierda Unida.
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